Merlí o la pedagogía de la esperanza

Análisis de la serie desde el punto de vista educativo

Sheila Peñalva para TRICLab

La educación está desconectada del mundo real y su mayor problema es la falta de calidad del profesorado”. Con este contundente diagnóstico el diario El Mundo reseñaba la principal conclusión a la que llegaron 1.550 profesores, estudiantes, políticos y empresarios reunidos en la Cumbre Mundial de la Educación, celebrada en Qatar, en 2015. Tres años después, la situación no ha cambiado sustancialmente, y pocos discuten el desprestigio en que ha caído la figura del docente dentro de las aulas, y aun en la sociedad en general. Más allá del impacto de las continuas reformas educativas y otras cuestiones relacionadas con las problemáticas del profesorado, interesa centrarnos en el papel del educador como agente que estimula y genera el cambio entre los jóvenes, un aspecto esencial para una buena pedagogía.

Para ello me serviré del personaje de Merlí, una serie catalana con éxito de audiencia durante las tres temporadas que se emitió en TV3 (2015-2018). La producción audiovisual relata las aventuras de un profesor de Filosofía de un instituto público que, en tiempos en que el sistema y las nuevas tecnologías desdeñan el arte de pensar, se las ingenia para conectar el mundo interior de sus alumnos (sus problemas, sus ilusiones, sus sueños, sus dilemas, etc.) con las cuestiones de fondo que aborda la ciencia que se hace preguntas y busca la verdad. Merlí, un sesentón rebelde e idealista y cuya vida es todo menos ejemplar, explica las teorías filosóficas de Heráclito, Sócrates, Platón, Aristóteles, Nietzsche, Schopenhauer, Hume, entre otros, partiendo de los conflictos que afectan a sus estudiantes. Merlí dota así de sentido práctico a las propuestas especulativas de los grandes pensadores que, como sus jóvenes discípulos, han tratado de dar respuesta a todo aquello que ha atormentado su existencia. Cada capítulo está dedicado a un filósofo cuyas proposiciones conectan con las preguntas vitales de los personajes.

Más allá del impacto de las continuas reformas educativas y otras cuestiones relacionadas con las problemáticas del profesorado, interesa centrarnos en el papel del educador como agente que estimula y genera el cambio entre los jóvenes @sheilapenalva @TRICLab #TRICproject [/ctt]

Imagen de Merlí Serie TV

Imagen de la serie Merlí (Héctor Lozano, Eduard Cortés y Menna Fité, Nova Veranda para TV3, 2015-2018)

Merlí posee un espíritu crítico, mordaz e irritante que emplea con aspereza entre sus compañeros de trabajo y su familia. Sus principios éticos no entienden de eufemismos ni de comentarios políticamente correctos. Su pragmático sentido del deber no le impide cometer acciones nítidamente reprochables, como robar un examen a un compañero para beneficiar a un alumno que resulta ser su hijo. Vive como un hombre apegado al placer terrenal y hedonista, e, incluso, para justificarlo ilustra a su audiencia con las propuestas de Epicuro de Samos. Reniega del amor duradero y monogámico, y disiente de la concepción tradicional de la familia. Por todo ello, algunos compañeros docentes y familias lo tachan de inmoral y corruptor de la juventud, acusación que le lleva a identificarse ante sus alumnos con el juicio que acabó con la vida de Sócrates.

Merlí no emplea las TRIC en el aula, aunque su cometido es el mismo: disminuir la distancia psicológica del conocimiento y fomentar una cultura participativa a través del diálogo @sheilapenalva @TRICLab[/ctt]

Sin embargo, el atractivo de la serie estriba en los rompedores métodos de enseñanza de un profesor que se propone que sus alumnos – a quienes llama peripatéticos- piensen por sí mismos. El cometido de Merlí Bergeron no es la mera trasferencia del conocimiento, sino la praxis reflexionada. El profesor Bergerón centra sus esfuerzos en lograr que sus estudiantes se cuestionen todo lo que les rodea. Su sistema docente dista mucho de los empleados por el resto del profesorado. Su discurso se sirve de estrategias retóricas -inclusive las sofistas- para convencer a su auditorio. Se aleja de la enseñanza lineal y rigorista del aula conservadora del siglo XXI. Si el alumno más rebelde de la clase lo desafía al no tomar apuntes, no le importa: le pide a cambio que lo escuche y participe activamente. Interpela a sus pupilos, les provoca, les manipula, los deja en evidencia y los desafía a romper con el orden establecido.

Merlí Francesc Orella

Francesc Orella interpreta al profesor de filosofía protagonista en la serie Merlí (Héctor Lozano, Eduard Cortés y Menna Fité, Nova Veranda para TV3, 2015-2018)

Serie Merlí

Imagen promocional de la Serie Merlí (Héctor Lozano, Eduard Cortés y Menna Fité, Nova Veranda para TV3, 2015-2018). Fuente: Filmaffinity.

Merlí no establece jerarquías. Defiende una educación basada en la pedagogía de la esperanza y en el pensamiento crítico, lo cual le llevaba a potenciar la integración y el aprendizaje cooperativo en el aula y fuera de ella. El caso de Iván, un joven con agorafobia incapaz de salir a la calle y de asistir a las clases, fue un reto para Merlí. A través de propuestas ingeniosas y atractivas, consiguió lo inimaginable para el resto. Sus habilidades comunicativas y su tono provocador conectan con todos los alumnos, desde los más estudiosos como Joan hasta los repetidores como Pol y Berta. Todo ello sin utilizar la tecnología como mediadora.

Para Bergerón el aprendizaje no es un sistema encorsetado ni cerrado, sino un proceso activo y social donde el único protagonista es el alumno. Por ello, no comienza las explicaciones de sus clases si falta uno solo de sus estudiantes. Si por alguna razón se han quedado haciendo pellas, para y va en busca del personaje en cuestión, esté donde esté. Tampoco sigue las guías didácticas de las asignaturas al pie de la letra, sino que deja fluir el conocimiento. Enseña a los autores que considera relevantes e influyentes y cuyas teorías podían serles útiles en sus quehaceres diarios. Por ejemplo, se vale de Maquiavelo para que los alumnos se cuestionen si el fin justifica los medios; de Aristóteles con el objetivo de que los alumnos reflexionasen sobre si la idea de la felicidad es una obligación o una finalidad. Cuestiona los ideales platónicos y la búsqueda del conocimiento verdadero o incluso realiza una crítica sobre el uso desmedido del dispositivo móvil a través de las teorías de Guy Debord y la sociedad del espectáculo.

Merlí nos recuerda que las respuestas a las preguntas esenciales de la condición humana no las darán las máquinas sino mujeres y hombres que piensan de verdad. Esa es la verdadera pedagogía de la esperanza @sheilapenalva @TRICLab #TRICproject[/ctt]

Rompiendo la rutina

Con su propuesta educativa y revolucionaria, rompe la rutina de una clase. Intenta dar otro enfoque a la educación a través de la creación de espacios que ofrezcan la oportunidad de facilitar el intercambio entre alumnos y docentes. Cambia la disposición del aula y el escenario físico. Sus clases se imparten en el instituto, en el jardín, en la cocina del centro… En cualquier lugar. Pretende despertar el pensamiento crítico de sus estudiantes mientras deambulan por la vida sin importarle el dónde. Una idea tomada de los estudiantes de la escuela aristotélica, conocidos como los Peripatéticos. Cierto que la serie no aborda los conceptos filosóficos con profundidad, y hasta son discutibles algunas concatenaciones de ideas y postulados, pero aquí nos interesa el cómo y no tanto el qué.

Merlí no emplea las TRIC en el aula, aunque su cometido es el mismo: disminuir la distancia psicológica del conocimiento y fomentar una cultura participativa a través del diálogo. El profesor Bergerón encarna la figura de mediador del proceso de construcción del aprendizaje porque sabe enseñar con acierto y lucidez. Sus métodos basados en la mayéutica socrática transforman las formas expresivas y didácticas del saber de una clase de Filosofía de la Educación Secundaria Obligatoria.

La serie catalana de TV3 invita a la reflexión de los docentes para que se cuestionen sus roles en la enseñanza y se planteen nuevas propuestas educativas y didácticas. Ello nos puede llevar a reflexionar sobre la necesidad de que las TIC caminen de la mano de estrategias pedagógicas que eviten divinizar la tecnología y aboguen por formar a alumnos críticos y más responsables. No es anecdótico que la producción televisiva haya elegido la Filosofía como eje vertebrador para un tipo de educación que fomente el pensamiento creativo y disruptivo. A un filósofo, José Antonio Marina, el Ministerio de Educación le encargó elaborar el Libro Blanco de la profesión docente. En una época en la que se reniega de Platón, Descartes y Kant en colegios y universidades, y en la que se nos dice que la Inteligencia Artificial cambiará por completo nuestro mundo, Merlí nos recuerda que las respuestas a las preguntas esenciales de la condición humana no las darán las máquinas sino mujeres y hombres que piensan de verdad. Esa es la verdadera pedagogía de la esperanza.

 

2018-11-20T09:04:09+00:00

About the Author:

Doctora en Comunicación (Programa de Doctorado Interuniversitario en Comunicación, de las universidades de Málaga, Sevilla, Huelva y Cádiz) Licenciada en Administración y Dirección de Empresas por la universidad de Zaragoza. Coordinadora territorial de la Asociación de Marketing de España para Aragón desde el año 2014. Como profesora asociada, actualmente imparte docencia en el grado de Periodismo UNIZAR.

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