El alumnado como agente de salud

José Blas García para TRICLab

Ya hemos comentado en otras ocasiones que la Carta de Otawa para la Promoción de la Salud  (1986) encuadra la Educación para la Salud como elemento clave en el amplio marco de la Promoción de la Salud. En este contexto se incluye también la promoción que se hace desde las escuelas.

Los centros educativos pueden ser unos espacios inteligentes para la promoción, el desarrollo, la mejora y en empoderamiento en salud. Todo es proponérselo. Como ya he escrito en otras ocasiones: las escuelas como centros de innovación social.

Porque ¿Cuál es el papel de la escuela obligatoria si no el de enseñar, orientar y aprender para mejorar la sociedad? ¿De qué sirve una excelente formación en Química si luego esa formación se utiliza para diseñar armas de exterminio humano? Me gusta el concepto que encierra la denominación del anglicismo “Smart Healthy Schools”, que promueve mi acertadamente mi amiga Sheila @AznarRomera

Los centros educativos pueden ser unos espacios inteligentes para la promoción, el desarrollo, la mejora y en empoderamiento en salud. Porque, ¿cuál es el papel de la escuela obligatoria si no el de enseñar, orientar y aprender para mejorar la sociedad? @jblasgarcia @TRICLab

Pero hay que ser objetivos. Tenemos enfrente una realidad que pesa como una losa: han pasado más de 30 años desde la Carta de Otawa de la OMS. Más de 30 años definiendo la promoción de la salud como diseño de procesos para proporcionar los medios necesarios para que las personas puedan ejercer un mayor control sobre los determinantes de la salud, mejorando así su salud individual y, por extensión, la colectiva… y todavía seguimos como si no hubiésemos traspasado los años 80 en aspectos educativos relacionados con todo ello. Sí, ya sé que se han realizado muchos Planes de Salud pero, en mi opinión, poco eficaces.

¿Cómo si no se explica los problemas persistentes de obesidad en niños, los trastornos de la alimentación en niños y adolescentes, la escasez del consumo de fruta y verduras en la población infantojuvenil, el consumo de tabaco y/o de drogas como elemento habitual de relación social, el alcoholismo juvenil de botellón y fin de semana, la escasa cultura sobre sexualidad, …?

Es triste reconocerlo, pero un reality show como “Master Chef” ha hecho más por la mejora de los conceptos de alimentación que todos los proyectos de “consumo de frutas “de los grandes programas de cualquier Consejería de Educación.

Es triste reconocerlo, pero un reality show como “Master Chef” ha hecho más por la mejora de los conceptos de alimentación que todos los proyectos de “consumo de frutas “de los grandes programas de cualquier Consejería de Educación @TRICLab @jblasgarcia #salud

Y es que no es fácil. La educación es compleja. La enseñanza es un lío donde intervienen muchos actores que no están en el escenario escuela. La escuela aislada (incluso de espaldas) al contexto y la sociedad, los currículos “obligatorios” y los proyectos educativos de los centros van en contra del desarrollo de programas trasversales educativos. De hecho, los currículums han experimentado una carga excesiva tan grande que colapsa cualquier iniciativa que no sea fiel a su instrucción; el estrés que imprimen los contenidos PISA han anquilosado cualquier capacidad de movimiento.

De esta forma se ha descuidado la implementación de estrategias educativas y proyectos para educar, entre otros, para la vida saludable. Estos contenidos son considerados por los diseñadores curriculares como “de entidad menor”. De hecho, se colocan al final de cualquier Anexo I al currículo. Esta cultura nos hace “hiper-preocuparnos” por las competencias cognitivas (matemáticas, lengua o resolución de problemas) y dejamos en segundo plano cuestiones como la educación para la salud y el empoderamiento del alumnado en hábitos saludables (por no mencionar otros aspectos como el desarrollo de las funciones ejecutivas). Al final del trayecto todos nos vemos catalogados en el DSM, por acción u omisión. Una pena.

Cualquier acción educativa deja de serlo si no se orienta al empoderamiento de las personas, a la vinculación a sus necesidades e intereses, al desarrollo y aplicación de la vida real y diaria del alumnado @TRICLab @jblasgarcia #educacionparalasalud

Pero intentaré ser justo en mi reflexión. La poca eficacia de estos programas no sólo se debe a la implantación sucesiva de leyes educativas que miran poco fuera de su ombligo. También reside en los modelos que utilizamos para el desarrollo de los mismos, cuando se dan.

Tres elementos aparecen como imprescindibles tanto en la metodología como en la organización de programas para la salud:

La obligación para los centros educativos del siglo XXI, con alumnado heterogéneo, mestizado y diverso, de abrirse a su entorno y liberarse de un modelo atenazante, basado en la mera instrucción educativa. Ese el primer escollo para que cualquier modelo de programa pueda tener efectos educativos.

El planteamiento integrado de cualquier proyecto o programa de educación para la salud. Una integración transversal y natural (por inducción o infusión) en los contenidos de aprendizaje. Es decir, programas que no se incorporen por adición al currículo del aula.

La orientación a las personas para su presente más que para su futuro. Es decir, cualquier acción educativa deja de serlo (pues pierde su sentido primigenio) si no se orienta al empoderamiento de las personas, a la vinculación a sus necesidades e intereses, al desarrollo y aplicación de la vida real y diaria del alumnado.

Los medicamentos son solo una de las dimensiones de la salud. Una mejor salud de la ciudadanía reduciría su uso.

Los medicamentos son solo una de las dimensiones de la salud. Una mejor salud de la ciudadanía reduciría su uso.

Empoderar en salud no es una cuestión de exposición de motivos y elementos de información que provoquen reacción en los ciudadanos, en sus problemas o conductas poco saludables, si no a la acción creativa de nuevas conductas. Desde el paradigma de Otawa, el alumnado se debe considerar como agente de salud, y el profesorado es el guía del proceso que lo forma, proporcionado los medios necesarios que le permitan ejercer un mayor control sobre los determinantes de su salud individual y colectiva.

Es decir, escuelas en las que se aprenda la vida saludable otorgando al alumnado los mandos, la capacidad de diseño y el control de sus aprendizajes en salud. Educar en salud se consigue “haciendo cultura de la salud”.

¿Y cómo transformar los centros educativos en “Escuelas Promotoras de Salud”?

Sin que sirvan de modelo, conscientes de la complejidad anteriormente mencionada y entendiendo que cada contexto es diferente… son varias las acciones que consideramos clave para un desarrollo óptimo de programas de salud en las escuelas:

– La vinculación y participación y del entorno y la familia.
– La participación constructiva y creativa del alumnado.
– La planificación colectiva, preventiva, prospectiva y sistemática (nunca ser elemento reactivo ante una crisis percibida o una subvención publicada)
– La conexión de los “recursos internos” con los externos, uniendo así escuela y realidad.
– La formación horizontal, dialogada y compartida.
– La integración de los proyectos de la Educación para la Salud, en las dinámicas de aula, que no supongan un añadido o sensación de sobreesfuerzo. (Una adecuada metodología es el diseño de proyectos de investigación donde el alumnado conozca, analice y comparta elementos sociales, económicas y ambientales que influyen en la Salud de la comunidad.)
– El liderazgo coordinado y distribuido para el desarrollo del mismo.

Para todo ello se nos hacen imprescindibles dos elementos básicos de la educación el siglo XXI: El trabajo en equipo de los docentes (creación de un equipo de Coordinación de Educación para la Salud en el Centro) y la revisión del papel tradicional de la escuela con la EPS que trascienda la instrucción. En ello continuamos. Y lo contaremos en TRICLab.

2018-11-06T07:48:32+00:00

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