Reclusión del “sujeto perfecto”, engendrado, no creado…

Continuación de la primera parte 

Carmen Cantillo para TRICLAB

La consagración femenina a la esfera doméstica sigue siendo un recurso expositivo muy apreciado por la narrativa de ficción, además, el modelo normativo de “mujer de interior” resulta muy frecuente en cualquier filmografía que se precie, donde ya no sólo es reprochable la apropiación que se hace de la mujer al relegarla al ámbito doméstico, considerada como “ángel del hogar” (mediante esta categorización se coloca a la mujer en un pedestal donde es una esclava de su fuerza, de su «cárcel-reino»); sino, que es aún peor, se la degrada, condenándola a una cárcel física y a un ostracismo moral (Cantillo-Valero, 2015). Estas condiciones históricas impiden a las mujeres reconocer su libertad y están pidiendo a voces una transformación: “tanto las condiciones histórico concretas que instituyen a las mujeres, como el modo en que ellas interiorizan su propio condicionamiento” (Rosa María Reyes, 2011: 41).

Así nos encontramos ante la Dra. Ana Stelline, una diseñadora de recuerdos, que recluida y con un futuro laboral y social dedicado a la fabricación de recuerdos, una vez más, nos muestra a la figura de la mujer, en la que se forjan las discriminaciones históricas que establece el orden social (la mujer en cautividad – el hombre en libertad) y que funciona como una enorme maquinaria simbólica que tiende a ratificar la dominación masculina. Al tener la mujer unas virtudes paradigmáticas, tiene que estar confinada en el espacio privado, controlada por el hombre, donde podrá ser domesticada por él. Aquí se encuentran las raíces de la desigualdad que Rousseau establece para cada sexo en La Educación de Sofía. La mujer en su sentido de naturaleza debe ser custodiada, precisamente por ser guardiana, pero también en este encierro radica la trampa de su cautiverio. Además, el orden natural, según Pierre Bourdieu, se presenta como una realidad intangible donde la visión androcéntrica del mundo no necesita de pretenciosos discursos que secunden su legitimación. En este futuro fílmico, también, “Los oprimidos, como objetos, como “cosas”, carecen de finalidades. Sus finalidades son aquellas que les prescriben los opresores […] que los explotados, casi siempre llevan consigo, condicionados por la “cultura del silencio” (Freire, 1970: 41).

La performance pornográfica refrenda el neoliberalismo sexual

El patriarcado mantiene a la mujer en el escalón más bajo de la jerarquía social y, en este caso, no se iba a quedar atrás. De modo que la muestra en diferentes grados en esta escala inferior, donde la que tan sólo es un holograma, una proyección de unos y ceros, llega a tener más prestigio que la que dispone de cuerpo físico. No puede existir rivalidad insana, porque “el esquema dualista binario está condenado, por su mismo modelo fundacional, a destruir violentamente las diferencias y reducirlas a ‘lo mismo’ representado por un jefe, un héroe, un vencedor único en la confrontación” (Sendón et al., 1994; 54). Ambas son mujeres para el consumo, ambas han sido elegidas y se sienten inmensamente afortunadas. La una, como símbolo del triunfo masculino es el descanso del guerrero y legitima prácticas discriminatorias, en las que elige a “la otra”, la prostituta, alquilando su cuerpo para dar placer al sujeto de género masculino que es sobre el que gira la historia. Ambas son intrusas en el relato y para formar parte del mismo han de despojarse de sus identidades.

Aquí, Denis Villeneuve, su director, intentando ofrecer su visión de hacia dónde se dirige la Humanidad, ilustra el germen de las auténticas preocupaciones mediante una escena sexual, un delicado ménage à trois en el que están implicadas tres esencias: humana, replicante y holograma, en un acoplamiento sincronizado que les hace buscar su propia entidad para alcanzar la deseada conexión.

Por otro lado, encontramos una dualidad entre el amor y el sexo, donde incluso, el nombre de sus protagonistas establece esa disimilitud. Joi es la novia holográfica, es la esencia del placer (Joy = alegría, gozo, deleite, placer…). En su composición se encuentra todo lo que cualquier hombre heterosexual pudiera desear, desde una modélica ama de casa vintage, hasta una conejita de la revista Playboy. Sin embargo, no puede consumar su amor (en esto se diferencia de las mujeres de consumo que, en contraposición, no pueden demostrar romanticismo y que ya vimos antes). Luv es la replicante ejecutora (Love = amor), que destruye a Joi (podríamos decir en un sentido simbólico, que es el amor destruyendo al placer).

Spoilers inevitables…

Blade Runner 2049 nos traslada a otra época, al menos en la pantalla y a través de una excelente narrativa audiovisual, pero nos topamos con tópicos donde la publicidad está cargada de cuerpos femeninos cosificados que susurran al oído masculino “todo lo que quieres escuchar”, en cualquier entorno es fácil encontrar a una cyborg que adoptará la estética más apropiada a cada ocasión y donde la única mujer (posiblemente humana) está cautiva; aunque, ¡menos mal, es la Narradora de la Historia y no está todo perdido! Al menos podremos cambiar las estructuras sociales en la próxima secuela de la mítica Blade Runner.

Edición audiovisual desde una mirada crítica: